Victoriano Zacarías, el ejercicio sindical en Guatemala.

Por Helmer Velásquez

En este país querido; la ignorancia rancia albergada en La Cañada y aledaños, acuñó aviesamente, el símil entre sindicalismo y comunismo. Era aquello, parte de su estrategia de contra propaganda frente al Movimiento de los Trabajadores y la democratización nacional. Signó aquella trasnochada estratagema, la suerte de cientos de miles de guatemaltecos, que con entusiasmo abrazaron los postulados de la clase obrera. Ya Ubico, acometió contra la organización de los artesanos e incipientes agrupaciones sindicales. Cuenta la historia, que suprimió el culto a San José Obrero por considerar que había un trecho corto, entre la adoración al Santo Patrono y la adhesión a la Internacional Comunista. Peor aún: que de entonar cánticos religiosos se trasmutase a entonar la Internacional. Por aquellos días, en tierras lejanas los trabajadores con paso arrollador se habían hecho con el poder político. De ahí el miedo de conservadores y liberales chapines.

A los chafas –históricamente de mente frágil– se les inculcó aquella sencilla idea, para inocularles la fobia al sindicalismo. Además –claro está– de prebendas públicas. Igual que ahora. Tan efectivo fue el estímulo que a fines del siglo pasado, organizaron razias en contra de bases y dirigencia trabajadora. En los ingenios de la costa sur. Oriente, occidente y norte del territorio nacional. Obviamente los empresarios de la industria y el agro estaban al corriente de los crímenes, los patrocinaban y celebraban, cada uno de ellos. La “teoría” detrás de los secuestros de sindicalistas –masivos algunos– EMAUS y CNT eran consignas anticomunistas y la diatriba. Nada substancial. Se acusaba a los sindicalistas de pretender transformar a Guatemala en otra Cuba. Otra Venezuela dirían ahora. Simples justificativos propagandísticos para “sustentar política y socialmente” el crimen. El pueblo nunca creyó aquella patraña. Sin embargo, luego de la represión, el sindicalismo nacional sufrió una lamentable mutación, y del sindicalismo histórico y consecuente con la clase obrera; se dio paso al “sindicalismo” de esquiroles, mercaderes. Aquellos que por migajas del presupuesto público transan su “poder de masas”, robaron el contenido de clase a la acción sindical y operan en favor de intereses oligárquicos y de filibusteros de la política.

Victoriano Zacarías permaneció firme. No traicionó la causa de los trabajadores. Es de los imprescindibles. Sindicalista de base cristina. Pilar de la Confederación General de Trabajadores de Guatemala –CGTG– junto a José Pinzón, Alberto Ramírez y otros históricos dirigentes. Victoriano trascendió a la historia. Mi abrazo fraterno a su familia, CGTG y sindicalismo consecuente. Deja Victoriano, una profunda huella en la larga marcha de los trabajadores.

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