Ya no mas reacomodo el colapso del Estado corrupto e impune

Edgar Batres

“Charlar y hacer son cosas diferentes, más bien antagónicas“

Karl Marx

La historia política guatemalteca ha estado marcada por el reacomodo de las élites económicas y políticas, que asemejan las formas de cambio de poder de los grupos paralelos enquistados en el poder del Estado, y hoy vemos como se desborona, mostrando la podredumbre los poderes que conforman el sistema económico y político manifestado en la añeja oligarquía guatemalteca que se ahoga en su propio vomito.

Por eso, hoy nos encontramos ante un hecho histórico que llama la atención por la variedad de características propias del modelo guatemalteco que muestra como las relaciones de poder han colapsado y ya no pueden más reciclarse, como ha sido su usanza.

Ante esto, los grupos hegemónicos pretenden darle solución a la crisis que ellos mismos han creado y acumulado desde el origen del Estado, amasando grandes fortunas a costas de los impuestos de los guatemaltecos, generándose privilegios fiscales, negando las reglas de la libre competencia de que hacen gala en foros nacionales e internacionales, pero que ahogan a los empresarios que pretenden invertir en el país; en donde ellos vía la institucionalidad del Estado, limitan y controlan quien entra y quién no.  Al final contamos con un modelo económico que hunde en la miseria a los guatemaltecos, castigando el futuro de los sectores vulnerables, reduciendo los derechos sociales salvajemente pisoteados, sometiendo a vivir sin educación, salud, trabajo digno una falta de seguridad pública, con altos índices de violencia familiar y acoso sexual a menores de edad, y para ello las estadísticas vergonzosas de madres menores de 12 años, que al final para los sectores morales eso es permitido o si no es “pecado”; vaya miseria del pensamiento de esos sectores que prefieren negar el futuro de las niñas y niños antes de ceder a sus despreciables intereses[1].  Eso es manifestación del acomodamiento entre los poderes y los grupos paralelos que mantienen el terror social, utilizando para ello, el transporte público, las centros de reclusión de donde salen órdenes y mantienen la sicosis social diaria y que pensar en retrasar a casa sorteando la vida es suficiente, para no pensar en otras condiciones de lucha.

Ante todo ello nuevamente, esas elites tradicionales pretenden dar soluciones aparentando cambios, pero que al final no hay cambios estructurales que permita que la sociedad y el modelo económico y político se modernicen.

En el pasado reciente estas crisis eran resueltas por medio de golpes de estado, en donde salía rimbombante, un glorioso ejercito que ahora muestra lo que ya se conocía como rumor, pero que hoy sale a los luz pública, siendo parte de la corrupción imperante, golpes técnicos y golpes blandos, todos ellos apañados por las elites económicas y políticas.

Resulta que ahora que esos mecanismos de solución desde su visión, ya no valen, pues la sociedad ha salido de la anomia política en que el terror, como máxima expresión de la superestructura mantenía sumido al pueblo.

Hoy el llamado al diálogo por los sectores tradicionales es más de lo mismo, máximo si quienes lo convocan han estado en jaculatoria con el Presidente, olvidando que representa la unidad nacional y que él representa al Estado laico y no sujeto a los salterios salvadores.

Hoy la demanda social es primero, las acciones de voluntades manifiestas en hechos objetivos deben girar en desmontar el Estado corrupto, impune, clientelar; por ello la movilización social legitima y reivindicativa, satanizada, con viejos slogans de la tradicional derecha, hoy hay avance y claridad de por donde se dibuja al mal, ese que ha generado la miseria, la falta de oportunidades para la grandes mayorías de la población y criminalizado a los pueblos origirinarios.

Hoy se sabe a dónde van los impuestos, como se malgastan y por eso dice basta, no al dialogo que mediatiza, que propone mesas eternas, sin solución que reciclan agendas y cooptan dirigencia. Hoy como nunca se ha desenmascarado a las redes de comunicación social que influyen en imaginario del guatemalteco confundiendo la información amparados en la “libertad de prensa”, y que a diario se oye , se mira y se replica por medio  electrónicos. Y cada uno de ellos por fin ahora si ya tiene nombre y apellido y que limitan a los medios alternativos.

Ante todo ello, es vital el planteamiento formulado por el pueblo y es  la transformación del Estado, lo que implica tocar los males originarios que hay dibujado el que hacer de la administración pública guatemalteca. Urge definir el futuro del nuevo Estado, marcando el sentir de la mayoría, y para ello es vital la formulación de una Asamblea Nacional Constituyente, en donde la población guatemalteca en sus diversas expresiones, estén representadas, por supuesto que esto pasa por el fortalecimiento de la institucionalidad del andamiaje de los organismos del Estado.

[1] El sistema guatemalteco es altamente monopólico, especialmente en lo financiero y afanosamente tendiente a la concentración de capitales, poder político, poder judicial, poder militar y poder policial en pocas manos. Algunos sociólogos estiman que de 16 familias poderosas en los años 60-80 ahora son megafamilias pero sólo 8.  Cifuentes, Ricardo. Correo electrónico.

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