Pueblo Q’anjob’al víctima de seis despojos.

Sobre el territorio Q’anjob’al, al norte del departamento de Huehuetenango, existen 27 licencias de minería y 23 de proyectos hidroeléctricos, que el gobierno y empresarios dicen ser de desarrollo, pero sobre la criminalización y persecusión del liderazgo de los pueblos indígenas, en total acción de despojo de los bienes y recursos que los pueblos han resguardado por siglos, así catalogo el 6to. y último despojo hacia su pueblo, Rigoberto Juárez, Autoridad Ancestral Q’anjob’al durante presentación de publicación “Extractos de la sentencia parcialmente absolutoria de las autoridades ancestrales de Santa Cruz Barillas y Santa Eulalia de Huehuetenango” editada por el Bufete Jurídico de Derechos Humanos.

Juárez es uno de los 7 presos políticos absueltos parcialmente por el Tribunal 1o. de Sentencia Penal, Narcoactividad y Delitos contra el Ambiente en julio del 2016. Durante su intervención en Casa Larrazabal del Congreso de la República hizo el recuento de los 6 despojos del que ha sido víctima el pueblo Q’anjob’al: 1524, 1820, 1871, 1944, 1954 y el último se desarrolla desde 1997 a la fecha.

“El Estado ha concesionado desde los nacimientos de agua y todo el recorrido de los ríos hasta salir de las fronteras” sin consulta y beneficio para los pueblos, y los tres poderes del Estado se juntan para criminalizar y perseguir a los pueblos, argumentó.

También hizo el recuento de lo inoperante que es la mesa de diálogo, instalado a principios de año, para atender la problemática social en el municipio de San Mateo Ixtatán a causa de la instalación de la empresa Hidro Santa Cruz en Yixquisis; la función del Sistema Nacional de Diálogo únicamente está creando condiciones para favorecer a la empresa y encaminar que se declare Estado de Sitio en el municipio de Barillas; además dijo, que el Ministerio de la Defensa y La Policía Nacional Civil han incumplido su promesa de retirar los destacamentos instalados en propiedad de empresa, en clara defensa de intereses particulares y no del pueblo guatemalteco, concluye Rigoberto Juárez.

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